Low to HighFUNNEL
Los cuatro ajustes que lo hicieron posible, sin llamadas de venta y sin perseguir a nadie.
En este documento te quiero enseñar cómo un producto de 37€ acabó convirtiéndose en múltiples pagos de 3.000€ para acceder a mi mentoría de más alto valor, sin tener que hacer llamadas de venta y sin perseguir a nadie por WhatsApp o DM.
Heads up: El día del lanzamiento facturé más de 1.000€. (Sí, a mi también me dejó alucinada)
Pero lo que más me sorprendió no pasó ese día.
Unas semanas después, cuando muchas de las personas que lo habían comprado ya lo habían visto, lo habían implementado y habían empezado a obtener resultados, empezaron a escribirme de forma completamente natural para preguntarme si trabajaba con clientes de manera individual.
Y tenía todo el sentido del mundo. El low ticket les había enseñado el proceso, pero mi mentoría era llevar ese mismo proceso mucho más lejos, acompañándoles para implementarlo sin errores y adaptarlo a su negocio.
Varias de esas personas acabaron invirtiendo más de 3.000€ para trabajar conmigo.
En este documento te voy a enseñar los cuatro ajustes que hicieron que eso pasara, para que puedas convertir tu producto de entrada en la puerta de entrada a tus ofertas de alto valor.
El mapa
Ninguno era complicado por separado.
El cambio fue hacerlos trabajar juntos.
De un producto que se vende a un producto que cualifica.
De perseguir a cada comprador a un sistema automático.
De aportar valor a construir credibilidad y confianza.
De depender del algoritmo a un sistema que trabaja 24/7.
Porque no sé en qué punto estás tú, y puede que veas esas cifras y pienses que lo importante de esta historia son los 3.000€.
Para mí no lo eran.
Lo importante fue darme cuenta de que había conseguido vender mi mentoría de alto valor de una forma que encajaba perfectamente con mi estilo de vida.
Y eso no era precisamente lo que me habían enseñado.
A principios de 2025 invertí más de 7.000€ en mentorías para aprender a crear una buena oferta high ticket y venderla como, supuestamente, se venden este tipo de programas: con una VSL, llamadas de venta y conversaciones constantes con personas interesadas.
Aprendí el proceso, lo implementé y entendía perfectamente por qué funcionaba.
Pero cuanto más lo hacía, más claro tenía que ese modelo de negocio no era para mí.
Soy mamá de dos niños muy pequeños, y en ese momento mis hijos tenían apenas un año y medio y tres meses. Además, vivo en Australia mientras la mayoría de mis clientes estaban en España, así que las llamadas siempre caían a la misma hora: cuando estaba bañando a mis hijos, acostándolos o intentando tener un rato con mi pareja después de un día entero prácticamente sin vernos.
Y aunque la logística ya era complicada de por sí, ese ni siquiera era el verdadero problema.
Simplemente no me gustaban las llamadas de venta. Las odio.
No me gusta perseguir a personas por WhatsApp o por DM.
No me gustaba sentir que tengo que convencer a alguien durante una llamada de una hora de que debía trabajar conmigo.
No me gustaba construir un negocio donde cada venta dependiera de mi presencia constante.
Sabía que tenía que existir otra forma.
Porque yo ya había vendido productos digitales durante años sin depender de llamadas de venta.
Lo que todavía no sabía era cómo aplicar esa misma lógica a una mentoría de más de 3.000€.
Así que dejé de intentar adaptar mi vida a un modelo que no encajaba conmigo y decidí volver a aquello que mejor sabía hacer.
Crear productos low ticket.
Era, con diferencia, el tipo de oferta con el que más experiencia tenía. Había dedicado años a entender por qué unos se vendían y otros no, había invertido muchísimo tiempo en formarme y ya había conseguido muy buenos resultados con ellos dentro de mi propio negocio.
Así que hice lo que cualquier persona habría hecho en mi situación.
Dejé de intentar perfeccionar un modelo que no quería y volví a apostar por el que siempre me había funcionado.
Y fue entonces cuando nació ese curso de 37€.
Aunque había una creencia que seguía teniendo muy presente.
Pensaba que, para vender una mentoría de más de 3.000€, necesitaría una audiencia muchísimo más grande.
Porque es lo que vemos constantemente en redes sociales: que para vender high ticket necesitas publicar todos los días, llevar a personas a llamadas de venta de una hora y explicarles paso a paso por qué eres la mejor opción.
Pero mi experiencia fue muy distinta.
He llegado a pasar más de ocho meses sin publicar en Instagram y, aun así, he seguido teniendo clientes de alto valor de forma recurrente.
Sinceramente, no esperaba que ocurriera nada diferente con ese curso.
Pensaba que sería otro low ticket más. Que vendería de forma constante y ya está, igual que había pasado otras veces.
Pero unas semanas después empezó a pasar algo que me sorprendió.
Personas que habían comprado el curso empezaron a escribirme para preguntarme si podían trabajar conmigo de forma individual.
Y mi negocio se empezó a ver así en los siguientes meses.
Ahí fue cuando me hice una pregunta.
¿Qué tenía de diferente este producto respecto a todos los anteriores?
Porque no había sido casualidad.
Y cuando empecé a analizarlo, me di cuenta de que había cuatro diferencias muy concretas.
Son esas cuatro diferencias las que quiero compartirte en este documento.
La primera diferencia fue la más evidente cuando me puse a analizar qué había pasado.
Yo ya había creado varios productos low ticket anteriormente.
Y algunos habían funcionado realmente bien. (Si eres psicóloga, puede que te suene el “Psicokit”, un pack de herramientas que vendí durante varios años.)
Habían vendido cientos de copias y me habían dejado una buena facturación.
Pero todos tenían algo en común.
La historia terminaba cuando la persona compraba.
Consumía el contenido, obtenía el resultado para el que había entrado... y ahí acababa todo.
Nunca daban el siguiente paso.
En cambio, con el curso de 37€ empezó a pasar algo completamente distinto.
Las personas terminaban el contenido y, en lugar de irse, querían seguir trabajando conmigo.
Ahí entendí cuál era la diferencia.
El asunto no era que este curso fuera mejor que los anteriores.
Era que, por primera vez, formaba parte de una transformación mucho más grande.
El curso resolvía por completo el problema específico con el que esa persona había llegado.
Pero al resolverlo, esa persona estaba mucho más cerca del objetivo que realmente quería conseguir.
El siguiente paso aparecía de forma completamente natural.
Y ese siguiente paso era exactamente el que resolvíamos dentro de mi mentoría, con mi acompañamiento 1 a 1.
Como yo acababa de ayudarle a avanzar el primer tramo del camino, seguir haciéndolo conmigo era la decisión más lógica.
Y ahí cambió por completo mi forma de crear productos.
Dejé de preguntarme qué podía enseñar para que un low ticket se vendiera bien.
Y empecé a preguntarme otra cosa mucho más importante:
¿Qué necesita resolver mi cliente antes de llegar a mi programa individual más comprometido y con más claridad?
Porque cuando piensas así, tu low ticket deja de ser simplemente un producto que se vende y empieza a hacer algo mucho más importante: cualificar.
La persona no solo ha resuelto un problema específico que forma parte de una transformación mayor.
También ha decidido invertir para resolverlo, ha pasado a la acción, ha trabajado con tu método y ha podido comprobar por sí misma si tu forma de hacer las cosas encaja con ella.
Y cuando llega el momento de plantearse el siguiente paso, ya no llega como alguien que acaba de descubrirte.
Llega habiendo conseguido un primer resultado contigo, entendiendo mejor lo que necesita y con mucha más claridad sobre si quiere que seas tú quien le acompañe en el resto del proceso.
Pero el propio contenido del producto no es lo único que cualifica.
Hay otros tres elementos que influyen muchísimo en qué tipo de comprador entra por esa puerta y que muchas veces elegimos casi por inercia: el nombre, el formato y el precio.
El nombre importa porque no todos los problemas atraen al mismo tipo de persona. Cuanto más conectado esté con el problema específico que necesita resolver tu futuro cliente antes de llegar a tu oferta de alto valor, más posibilidades tienes de atraer desde el principio al comprador adecuado.
El formato también cualifica, porque determina el nivel de implicación que le estás pidiendo y le permite experimentar cómo es aprender y trabajar contigo antes de plantearse un acompañamiento mayor.
Y después está el precio.
Los 37€ tampoco fueron un número elegido al azar.
No se trata de cobrar “barato”, sino de entender que el precio también funciona como filtro.
Una persona que decide sacar su tarjeta, pagar y ponerse a trabajar con lo que ha comprado está tomando una decisión muy diferente a la de alguien que simplemente descarga un recurso gratuito porque le ha llamado la atención.
Y eso ya te está diciendo algo sobre el tipo de comprador que tienes delante.
La diferencia
Un producto que se vende
Un producto que cualifica
Y aquí está el error que veo constantemente
La mayoría mide el éxito de su low ticket mirando únicamente cuánto vende.
Y si no vende suficiente, publica más, baja el precio o paga por más tráfico con anuncios.
Pero puedes tener un producto que venda muchísimo y que no esté cualificando absolutamente a nadie para lo que quieres vender después.
Y entonces solo consigues una cosa: más compradores que entran, compran una vez y desaparecen.
Por eso, para mí, la pregunta ya no es solamente:
Que aquellas personas me escribieran estuvo genial.
Pero yo no podía construir un negocio esperando a que a alguien le apeteciera escribirme.
Porque por cada persona que lo hizo, seguramente hubo otras que habían pasado exactamente por el mismo proceso, habían conseguido su resultado y estaban preparadas para seguir avanzando, pero no dieron ese paso.
No porque no estuvieran interesadas.
Simplemente porque nadie les había enseñado claramente qué venía después.
Y ahí vi el segundo problema.
Podía tener un low ticket perfectamente conectado con mi oferta de alto valor, pero si después dependía de que la persona me escribiera o de que yo estuviera pendiente de hacer seguimiento, seguía sin tener un sistema.
Todo seguía dependiendo de mí o de la suerte.
Así que dejé de esperar a que ese siguiente paso ocurriera por casualidad y empecé a construir el recorrido para que existiera siempre.
Y todo conectado dentro de Systeme.io (la plataforma todo en uno donde vive mi negocio digital) para que cada comprador supiera qué tenía que hacer después sin que yo tuviera que estar detrás.
La página de gracias fue una de las piezas que más me hizo cambiar la forma de entender todo este proceso.
Nos pasamos días, incluso semanas, trabajando una página de ventas para conseguir que alguien se decida y compre nuestras ofertas.
Y cuando finalmente compra, muchas veces le mandamos a una pantalla que simplemente dice:
«Gracias por tu compra. Revisa tu correo».
Y ya está.
Pero ese es probablemente uno de los momentos de mayor atención de todo el recorrido.
Esa persona acaba de tomar una decisión.
Acaba de confiar en ti lo suficiente como para pagarte.
Y te está prestando atención.
La compra no debería ser el momento en el que termina el embudo.
Debería ser el momento en el que empieza la relación.
A partir de ahí, cada pieza tiene que ayudarle a avanzar.
Sin perseguirle.
Sin que tú tengas que escribirle manualmente.
Sin esperar a que un día se acuerde de ti y decida preguntarte qué más puede hacer contigo.
Pero había otra parte igual de importante.
No quería construir un sistema que siguiera dependiendo de que yo recordara qué tenía que pasar con cada persona.
Porque cuando aquello empezó a funcionar, todo pasaba por mis manos.
Yo contestaba.
Yo revisaba quién había comprado qué.
Yo tenía que saber qué email tocaba, qué persona estaba en qué punto y cuál era el siguiente paso.
Y con dos peques de 6 y 24 meses... eso es insostenible.
Ahí es donde entraron las automatizaciones y las etiquetas.
Cada persona recibía lo que le correspondía según lo que había comprado y el punto del recorrido en el que se encontraba.
El sistema hacía el seguimiento.
El sistema mantenía el contacto.
El sistema mostraba el siguiente paso.
Y yo dejaba de ser la pieza que tenía que sostenerlo todo manualmente.
Sí, esto también lo hacía todo en Systeme.io.
La diferencia
Perseguir a cada comprador
Un sistema automático
Y ahora quiero que reflexiones sobre algo importante
Automatizar no significa volver tu negocio frío ni convertir la relación con tus clientes en una sucesión de emails impersonales.
Para mí es justamente lo contrario.
Lo frío es que alguien te compre, consiga un resultado contigo y no vuelva a saber nada de ti simplemente porque ese día estabas ocupada, tenías a uno de tus hijos malo o se te olvidó hacer seguimiento.
Automatizar significa asegurarte de que el recorrido existe siempre. Aunque tú no estés detrás empujando a cada persona para que avance.
Con el producto y el sistema conectados, todavía faltaba una pieza importante.
Porque puedes tener un low ticket que cualifica y un recorrido perfectamente automatizado, pero eso no significa que una persona vaya a querer seguir trabajando contigo.
Para dar ese siguiente paso necesita confiar en ti.
Y aquí es donde entra el contenido.
Durante mucho tiempo nos han repetido que para vender tenemos que «aportar valor».
Y no digo que ese contenido esté mal.
El problema es que enseñar algo útil no necesariamente construye la credibilidad y la confianza que alguien necesita para invertir en tu oferta de alto valor.
Una persona puede llevar meses guardando tus posts, aprendiendo contigo e incluso pensando que tu contenido es buenísimo...
y seguir sin tener ni idea de por qué debería contratarte a ti.
Porque para eso necesita ver más que información. (Para eso ya tiene a ChatGPT)
En definitiva, no solo necesita pensar:
Y esa diferencia lo cambia todo.
Porque cuando tu contenido hace ese trabajo, la confianza no empieza a construirse el día que alguien te escribe preguntando por tu mentoría.
Se ha construido antes.
Cada una de esas piezas va respondiendo pequeñas preguntas antes de que esa persona tenga siquiera que hacértelas.
Y eso cambia muchísimo cómo llega alguien a una oferta High Ticket.
Porque ya no llegas a una conversación teniendo que demostrar quién eres, qué sabes hacer, cómo trabajas y por qué debería confiar en ti.
Esa parte del trabajo ya está hecha.
Por eso yo ya no pienso en mi contenido únicamente como una forma de aportar valor.
Lo pienso como una forma de acumular pruebas de credibilidad y construir confianza antes de que alguien tenga que tomar una decisión de compra.
Y aquí hay algo que para mí es especialmente importante:
La confianza no se construye necesariamente con tiempo. Se construye con pruebas.
Una persona no necesita seguirte durante seis meses para confiar en ti.
Puede descubrirte hoy y mañana encontrar suficientes pruebas para entender cómo piensas, cómo trabajas y si eres la persona adecuada para ayudarle.
Y también puede ocurrir exactamente lo contrario.
Puede llevar siguiéndote dos años, haber guardado cincuenta publicaciones tuyas y seguir sin saber por qué debería pagarte.
La diferencia está en lo que encuentra cuando observa tu comunicación.
La diferencia
Contenido que aporta valor
Contenido que construye credibilidad y confianza
Y ahora quiero que reflexiones sobre esto
Si cuando una persona llega a tu oferta de alto valor todavía tienes que empezar desde cero explicándole quién eres, cómo trabajas, por qué tu método funciona y por qué puede confiar en ti, tu contenido no está haciendo todo el trabajo que podría hacer.
Porque el objetivo no es que alguien llegue a una llamada o a un DM para que entonces tú construyas la confianza.
El objetivo es que, cuando llegue ese momento, gran parte de esa confianza ya esté construida.
Y entonces ya no tienes que convencer. Como mucho, vas a resolver dudas puntuales.
La persona llega sabiendo quién eres, entendiendo cómo trabajas y con suficientes pruebas para decidir si quiere que seas tú quien le acompañe en el siguiente paso.
Llegados a este punto, tenía prácticamente todo el recorrido montado.
Pero todavía había una parte que seguía dependiendo de mí: hacer que entrara gente nueva de forma constante.
Porque si la única forma que tienes de conseguir nuevos compradores es publicar en Instagram y esperar a que el algoritmo decida enseñar tu contenido, realmente sigues dependiendo de tu presencia para mantener el sistema en movimiento.
Y yo no quería construir todo lo anterior para acabar teniendo que estar cada día creando contenido para conseguir que entrara gente.
Quería que esa parte también pudiera funcionar sin mí.
Que mientras yo estaba trabajando, con mis hijos, durmiendo o simplemente sin abrir Instagram, hubiera personas nuevas descubriendo mi contenido, entrando en mi perfil o comprando mi producto.
Y ahí es donde entraron los anuncios.
Pero no como una forma de conseguir más alcance, seguidores o likes sin ningún objetivo detrás.
Los anuncios tenían una función muy concreta: conseguir que nuevas personas entraran en mi ecosistema todos los días sin depender de que el algoritmo decidiera darme visibilidad.
Y para eso no utilizaba una única estrategia.
Por un lado, podía llevar ojos directamente a mi producto de entrada para conseguir nuevos compradores y meterlos desde el primer momento dentro del sistema que acababa de construir.
Pero también podía invertir en publicaciones estratégicas de Instagram para poner mi contenido delante de potenciales clientes que todavía no estaban preparados para comprar.
Así, los anuncios no solo alimentaban mi embudo de nuevos compradores.
También alimentaban mi audiencia de nuevas personas que descubrían mi contenido, entraban en mi perfil y empezaban a consumir todas esas piezas de credibilidad y confianza de las que te hablaba en el punto anterior.
Y para mí ahí estaba la verdadera diferencia.
Ya no necesitaba publicar constantemente y cruzar los dedos para que Instagram decidiera mostrarme a gente nueva.
Podía crear una buena pieza de contenido una vez y hacer que siguiera llegando a potenciales clientes durante semanas.
O podía poner mi low ticket directamente delante de personas que ya estaban preparadas para solucionar ese problema.
Dos puertas de entrada diferentes, pero con el mismo objetivo: mantener un flujo constante de nuevas personas entrando en mi ecosistema, aunque yo no estuviera publicando.
Pero para que la segunda parte de esta estrategia —llevar tráfico directamente al low ticket— tuviera sentido, había una cosa que necesitaba saber: cuánto valía realmente para mi negocio cada nuevo comprador que entraba.
Y ese es un número que cambia por completo la forma de ver los anuncios.
Porque si tienes un producto de 37€ y solo miras esa primera venta, es muy fácil pensar que pagar por conseguir compradores no merece la pena.
Si gastas 20€ para conseguir una venta de 37€, puedes mirar los números y pensar:
«¿Todo esto para ganar 17€?»
Pero esa cuenta parte de asumir que el valor de ese comprador termina en esos 37€.
Y precisamente todo lo que hemos construido en los tres puntos anteriores sirve para que no sea así.
Por eso, la pregunta dejó de ser:
Te pongo un ejemplo:
Si de cada 40 compradores de un producto de 37€, uno termina entrando en una oferta de 3.000€, esos 40 compradores no han generado únicamente los 1.480€ del low ticket.
Han generado 4.480€. Eso significa que, de media, cada comprador ha generado 112€ para tu negocio.
Y cuando sabes que un comprador vale 112€, puedes tomar decisiones completamente diferentes sobre cuánto estás dispuesta a invertir para conseguirlo.
Ahí los anuncios dejan de ser simplemente dinero que gastas para intentar vender un producto barato.
Se convierten en una forma de introducir nuevos compradores dentro de un sistema cuyo valor va mucho más allá de esa primera compra.
Y además hay otra diferencia enorme.
Puedes medirlo.
Eso es lo que te permite dejar de crecer únicamente a base de publicar más y empezar a tomar decisiones basadas en números.
La diferencia
Depender del algoritmo
Un sistema de visibilidad 24/7
Los anuncios no arreglan un sistema que no funciona.
Lo amplifican.
Por eso los anuncios son el cuarto ajuste y no el primero.
Primero construyes un ecosistema preparado para recibir a esas personas: una comunicación que genera credibilidad y confianza, un producto que convierte a parte de ellas en compradores cualificados y un sistema que les permite seguir avanzando hacia tus ofertas de mayor valor.
Y después utilizas los anuncios para mantener un flujo constante de nuevas personas entrando en ese ecosistema.
Algunas te descubrirán a través de una publicación y empezarán a conocerte.
Otras estarán preparadas para entrar directamente por tu low ticket.
Pero ya no dependes exclusivamente de cuánto publiques, de cuántos seguidores tengas o de si Instagram decide darte visibilidad esa semana.
Porque mientras tú trabajas, estás con tus hijos, viajas, duermes o simplemente decides no abrir Instagram... tu sistema de visibilidad sigue trabajando por ti.
Lo que une los cuatro ajustes
Si te fijas, ninguno de estos cuatro cambios fue especialmente complicado por separado. El cambio estuvo en dejar de verlos como piezas independientes y empezar a hacer que trabajaran juntos.
Eso es lo que convirtió un producto de 37€ en la puerta de entrada a una mentoría de más de 3.000€.
Y eso es, precisamente, lo que yo llamo un Low to High Funnel.
No se trata de vender un producto barato y después intentar venderle algo más caro a quien lo compra. Se trata de construir un sistema en el que cada pieza hace que la siguiente tenga sentido.
Entender cómo funciona un Low to High Funnel es relativamente sencillo.
Lo difícil es coger todas las piezas que ya tienes en tu negocio y conseguir que trabajen juntas.
Así que antes de hacer nada, quiero que mires tu negocio y te hagas estas preguntas:
Y, sobre todo:
¿Todas esas piezas están trabajando juntas o tienes un producto por un lado, contenido por otro, emails por otro y una oferta High Ticket que intentas vender cuando aparece la oportunidad?
Porque normalmente el problema no es que te falten más cosas.
Es que las que ya tienes no están diseñadas para trabajar como un sistema.
Y precisamente eso es lo que trabajamos dentro de mi programa Low to High Funnel.
Vas a dejar de crear piezas sueltas y empezarás a diseñar el recorrido completo para que cada una tenga una función concreta y prepare la siguiente.
Desde el producto por el que una persona entra en tu negocio hasta el sistema que la cualifica, construye confianza y le permite seguir avanzando hacia tus ofertas de mayor valor.
Para que tu low ticket empiece a trabajar como una pieza estratégica de todo tu negocio.
Dentro de Low to High Funnel vamos a construir este sistema siguiendo cinco fases.
Pero mi objetivo no es que termines el programa entendiendo cómo funciona un Low to High Funnel.
Es que termines con el tuyo construido, conectado y funcionando dentro de tu negocio.
Y para eso, además de poder acceder al programa a tu ritmo...
Decidí añadir una versión para esas dueñas de negocio que tienen claro que quieren avanzar con dirección y velocidad, donde durante 12 semanas tendrás mi acompañamiento 1:1 mientras construyes y pones en marcha tu sistema.
Porque cada negocio parte de un lugar diferente.
Por eso vamos a trabajar sobre tu negocio tal y como está hoy, no sobre un modelo estándar que tengas que intentar encajar.
Durante esas 12 semanas tendrás mi supervisión y feedback directo mientras avanzas por cada una de las fases, para ayudarte a tomar mejores decisiones, avanzar más rápido y asegurarnos de que cada pieza que construyes tiene sentido dentro del sistema completo.
Pero además, quiero que tengamos tiempo para hacer algo que para mí es fundamental: ponerlo en marcha.
Porque una vez que tu Low to High Funnel empieza a recibir tráfico, compradores y datos reales, dejamos de trabajar sobre lo que creemos que puede funcionar y empezamos a trabajar sobre lo que está ocurriendo de verdad.
Podremos ver cómo responde la gente, dónde está avanzando, dónde se está frenando y qué oportunidades aparecen para seguir mejorando el sistema.
Y utilizar toda esa información para ajustar, optimizar y tomar las siguientes decisiones con datos reales encima de la mesa.
Ese es el objetivo de estas 12 semanas: que construyas tu Low to High Funnel, lo pongas en marcha y tengas mi acompañamiento también durante esas primeras semanas en las que empezamos a ver cómo responde el mercado.
¿Quieres que formemos equipo?
Esto dicen quienes aprenden y aplican mi metodología
Si has llegado hasta aquí y mientras leías has ido pensando en todas las piezas que ya tienes en tu negocio pero que todavía no están trabajando juntas, probablemente ya sabes dónde está el problema.
No necesitas otro producto aislado.
Ni publicar más esperando que eso, por sí solo, termine generando más ventas.
Necesitas convertir lo que ya tienes, o construir lo que todavía te falta, en un sistema pensado para trabajar en conjunto.
Y eso es exactamente lo que quiero ayudarte a construir durante estas 12 semanas.
Envíame «Quiero formar equipo»